Vicios y Falencias en la oposición al aumento del transporte en Monterrey

Vicios y Falencias en la oposición al aumento del transporte en Monterrey

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El último aumento a las tarifas al transporte público en Monterrey y su área urbana ha puesto de nueva cuenta de manifiesto algunas virtudes y falencias de la llamada “izquierda local” o del supuesto “movimiento” de “izquierdas” y/o “contestatario”.

 

Entre ellas destaca la ausencia o limitantes de los grupos de acción de la misma “izquierda” para hacer frente a dichos aumentos. Entre las problemáticas que se presentan, y se han presentado en luchas anteriores, destacaría 4:

 

1.- Espontaneismo

 

Por espontaneismo entendemos el nulo o poco trabajo militate a largo plazo alrededor de una lucha. Es decir, se hacen las marchas o actos pero no se logra con ellos hacer una cadena coherente de eventos que apunten al derogamiento de los aumentos.

 

Este espontaneismo se nutre, en nuestra opinión, de dos vertientes principales:

 

a.-) Liberalismo “peque”: Aquí encontramos a muchas y muchos compas que están por la “participación ciudadana” y otras formas por maquillar y hacer menos intolerable al sistema económico y político. Que hay gente honesta en este grupo ¡claro!, más la cuestión aquí no es de honestidad sino de vencer en una lucha, y el programa político de la pequeñoburguesía no es otro más que el de embellecer al capitalismo. Para las y los trabajadores, estos discursos bonitos envueltos en ropa de manta de diseñador, que hablan del “ciudadano”, de la “anticorrupción”, de las “candidaturas no partidistas”, etc, no significan en NADA una mejora a nuestra economía o nuestra vida diaria.

 

El que existan mejoras al sistema político no resuelve los micro salarios, la falta de condiciones dignas y seguras de trabajo, los aumentos al camión, las carencias del sistema de salud, las mini viviendas con créditos a 30 años, etc Lo que ocupamos las y los trabajadores son acciones contundentes que vayan cambiando nuestro modo diario de vida y eso no lo podemos encontrar en un sistema basado en que la mayoría viva explotada y oprimida, para con esto asegurar los lujos de las minorías patronales y gobiernistas.

 

b.-) Buenrollismo Posmoderno: Esta categoría pomposa cubre a aquellos y aquellas compas que viven en y de los movimientos sociales, siempre con el viento a favor, dependiendo hacia donde sople este. Esos que un día traen la camisa de X o Y corriente o movimiento social, para los cuales “todo esta chido” y la lucha se va a ir dando “por su cuenta”. Esos que pasan de los “meta discursos y grandes relatos” por ser cosa del pasado y que no hacen otra cosa que repetir sin decirlo la cantaleta del “fin de la historia” y el triunfo del capitalismo.

 

El “buenrollismo” es claro: todo esta bien, todo lo que suene a pueblo es incuestionable, todos los discursos son correctos, nada es cuestionable. Los activistas de esta tendencia siempre estan en lado correcto. No se ensucian cuando ven a un “compa” hacer algo incorrecto, no enfrenta a quién actúa mal, y si quedan siempre bien.

 

Entre estos destaca siempre la adulación, la falta de crítica y autocrítica, la carencia de poscicionamientos políticos y muchas veces también de compromiso. Aquí hay gente que desde hace años pulula en las actividades y movilizaciones, más atenta a las “cheves” de al término de la acción que de la evolución de la misma, y justifican la carencia de compromiso y organización con rollos muy vacíos sobre su “autonomía” personal (que por cierto, ¿autónomo de que? Si muchas veces viven de becas y recursos del propio estado o de sus familiares, claro, justificado desde alguna teoría postindustrial eurocentrica) y “libertad” que no construye nada socialmente y si es presto a criticar y despolitizar a las y los compas que se acercan.

 

 

2.- Reformismo vs Reivindicación

 

Cuando luchamos por una mejora económica (salarial, vs aumentos, etc) estamos hablando de una lucha reivindicativa, es decir, que reclama una mejora tangible e inmediata que impacte de manera significativa la vida de quiénes luchan por ella. Cuando hablamos de reformismo, nos referimos a la lucha por mejoras al sistema, por volverlo tolerable, decente, bueno, etc.

 

Para nosotros, hay una oposición entre estas dos formas de encarar una determinada lucha. En el caso de la lucha contra los aumentos, el reformismo apela a los cambios de leyes, a jugar en el terreno del gobierno, a las propuestas en el congreso, etc. Todas estas estrategias pueden nacer de una posición honesta, pero implican necesariamente entrar en el juego de los de arriba, de sus leyes y formas, en las cuales las y los trabajadores estamos condenados a perder.

 

Desde una posición clasista y combativa es preciso encarar las reivindicaciones como lo que son: luchas pequeñas contra el Estado/Capital que nos preparan para luchas mayores. En este sentido debe ser la movilización social, la construcción de organizaciones asamblearias y democráticas, el uso y desarrollo de las capacidades defensivas/ofensivas de nuestra clase lo que debe de marcar el rumbo de una lucha.

 

Como consecuencia de esto se desprende la necesidad de articular victorias estratégicas que permitan a nuestra clase avanzar en su reagrupamiento como sujeto colectivo conciente de su tarea histórica: la consecución de una sociedad sin clases, libre y justa.

 

 

3.- Partido, Partiditos vs Clase

 

Si hemos hablado de la necesidad de organizar las victorias pequeñas que cimienten y posibiliten la victoria final, es preciso que sean las y los militantes de nuestra clase los que desarrollen las primeras formas de articulación de la misma, pero ojo, hablamos no de la articulación de grupos y partidos como finalidad sino como herramientas de combate de la propia clase.

 

Partidos y grupos policlasistas, con un pie en la lucha social y otro en la lucha electoral, en lugar de aportar a la construcción de nuestra clase contribuyen, conciente o no, a situar las luchas tras el calendario electoral y a priorizar las estrategias partidistas de acumulación de votantes en lugar de construir desde abajo poder popular.

 

En esta misma lógica entrarían aquellas compañeras y compañeros más enfocados en que sus banderas aparezcan en las fotos de los medios –libres y no- que en el desarrollo de las capacidades de lucha de nuestra clase y pueblo.

 

No se trata de contemplarnos el ombligo entre grupos, de situar a nuestros grupo, partido u organización como el eje de una lucha, sino si de verdad es nuestro grupo capaz de hacer que sea la clase y pueblo quiénes los ubiquen como vanguardia y no a la inversa.

 

 

4.- El rechazo a la organización como excusa de la inacción

 

Habría una última situación en la “escena” o el “movimiento” y es la existencia de mal entendidos y/o tergiversaciones sobre las tareas de las y los militantes revolucionarios. Las ideas muchas veces de origen pseudolibertario del rechazo a la organización militante lejos de contribuir a las luchas, simple y llanamente no aportan nada a estas, condenandolas al eterno ciclo coyuntural de surgimiento-climax-decadencia, aderezado del oportunismo de derecha, “peque” y de la “izquierda-posmo-buenrollista”.

 

Para romper con este ciclo es necesario cambiar estas posturas “cómodas”, superar el activismo de fin de semana y plantearse el imperativo personal ético de militar por la causa de las y los trabajadores.

 

El rechazo a la organización esconde los gérmenes del “dejar hacer, dejar pasar” propio del individualismo capitalista. Es preciso reconocer en el otro, en la compañera y compañera, un semejante en la lucha, con opiniones e ideas no siempre iguales, pero si con una disposición a la construcción de una sociedad distinta.

 

La organización para hacer frente al Estado ha sido ayer y hoy necesaria, y los falsos predicamentos no deben de ser impedimientos para que aquellas y aquellos que se encuentran en contra de la explotación y la opresión no se encuentren en la calle y en la construcción de organización popular y proletaria, bajo un mismo proyecto orgánico de oposición clasista y combativa.

 

Actualmente por el contrario, el rechazo a la organización se convierte las más de las veces (salvo muy contadísimas exepciones) en la excusa para no ahondar en el compromiso social.

 

 

Conclusiones

 

Hemos hablado de algunas de las falencias prácticas de quiénes componemos la oposición a los aumentos y en general la oposición a las contínuas ofensivas del Estado/Capital. Entendemos que estas categorías hechas no son inamovibles, sino que son tendencias dentro de los movimientos analizados. No se trata de encasillarse en una de estas formas descritas, sino en ver que muchas veces caemos en algunas o varias de las descripciones aquí hechas, y que es preciso superar esto.

 

Lo que la lucha reclama en el momento actual es precisamente el compromiso que puede y debe encontrarse en la generación de jóvenes activistas y militantes que se suman a las movilizaciones, espacios y luchas de base. No basta con situarse verbalmente o pertenecer materialmente al lado de los de abajo, es preciso realizar un ejercicio conciente como sujetos parte de la clase trabajadora y del pueblo pobre en general y luchar contra quiénes nos han negado y nos niegan la vida.

 

Lo que se necesita, como en otros espacios hemos señalado, es el reagrupamiento de las y los militantes sinceros y consecuentes en estructuras que se planteen verdaderamente la victoria socialista y libertaria como eje central de su lucha contra el Estado/Capital.

 

¡Por la multiplicación y radicalización de las luchas!

¡Por el reagrupamiento de nuestra clase y su vanguardia!

 

¡salud y lucha combativa!

 

A.

Marzo 2014

Mty, nl, mx

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